* En el libro GERMÁN RODRÍGUEZ: ASÍ LO VIVÍ, el que para muchos fue un rector que le dio rumbo a la Universidad, habló de aquellos primeros años de la casa de estudios.
* (Se pide a medios de comunicación NO plagiar las notas de Relatos Nayarit, por mínima vergüenza)
– En mayo de 1980 pude empezar a atacar los problemas que nos interesaban. Creamos el reglamento del servicio social porque no existía; la directora del Servicio Social, cosa rara porque dependía de la Secretaría de Programación y Presupuesto, en ese tiempo era Rosario García, simpatizó con nosotros y nos apoyó mucho.
“La Universidad no tenía ninguna de sus carreras registradas y otro paso fue registrarlas. Fui a Profesiones y logré el registro: ya estaba Comercio, Economía, Leyes, Agricultura; eran varias.”
Lo anterior anotado forma parte del libro GERMÁN RODRÍGUEZ: ASÍ LO VIVÍ, escrito por este reportero y que recoge las palabras de Javier Germán Rodríguez Jiménez, quien fue rector de la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN) entre el cuatro de mayo de 1979 y el nueve de junio de 1986, y para no pocos el personaje que le dio rumbo a la casa de estudios, que este 19 de agosto está cumpliendo 57 años.
En el capítulo “EL DESPEGUE DE LA UNIVERSIDAD”, Rodríguez Jiménez, fallecido en febrero del 2019, siguió narrando:
“A partir de que pasó ese informe se tranquilizaron las cosas y empezamos a hacer gestiones. El rector de la UNAM era Guillermo Soberón y había una directora de Intercambio Académico, y le daba carta blanca para que negociara los apoyos con las universidades de los estados. Yo hablé con ella, María de los Ángeles Knokenhauer, una mujer de ascendencia alemana, jovencita, bonita, casada con Fernando Solana Morales, que era el secretario de Educación y después fue secretario de Relaciones Exteriores.
“Fui a visitarla a la UNAM y pienso que me vio muy angustiado por tantos problemas que teníamos, porque nuestros maestros de a tiro no tenían preparación. Siempre he dicho que nosotros éramos producto de la improvisación, porque el que medio salía de la escuela ya era maestro de la Universidad.
“Le planteé todo eso y me dice:
– No se apure, le voy a ayudar y le voy a mandar primero maestros de tal área.
“Así me fue dando apoyos. La UNAM pagaba los gastos de traslado y las estancias aquí de los maestros. Lo único que gastábamos era en las comidas, cuando los llevábamos a algún lado fuera del hotel. Todo era casi gratuito.
“Venían semanas enteras a dar cursos de capacitación, de superación académica, de actualización. Los primeros días había mucha renuencia de los maestros, no querían asistir, pero poco a poco se fueron incorporando. Había una maestra, también de ascendencia alemana, que daba unos cursos muy buenos de Biología. No, pues todos los maestros de Biología de las preparatorias se venían a capacitar.
“Se fue creando ese ambiente de mejoramiento académico, de tal manera que cuando yo entregué el cargo, todos los maestros habían llevado cursos, pero aparte abrí, con apoyos del CONACYT y de la propia SEP, programas de becas para los maestros a cambio de que salieran a estudiar y volvieran a dar clases con nosotros.
“Muchos de los actuales maestros o que se están jubilando, se fueron a estudiar afuera: a Julio Plascencia lo mandé a Alemania; o el caso de Francisco Javier Castellón que tuvo una maestría en una universidad de México.
“Calculo que por lo menos a cien maestros los mandamos a estudiar fuera de aquí: a Guadalajara, a México y no nada más a la UNAM; otros salieron al extranjero. Eso creó un ambiente favorable de mejoramiento académico.
“Como no teníamos nada de investigación, cuando llegó Lourdes Pacheco Ladrón de Guevara la nombré a cargo de esa área y empezamos a contratar gente de afuera para la investigación. Así trajimos a tres o cuatro muy buenos.”
“SECUESTRADOS EN RECTORÍA”
En otra parte del libro, Rodríguez Jiménez, quien años antes de ser rector fue director de la Preparatoria 1, describe la privación de la libertad que vivió junto a varios de sus colaboradores en el edificio de Rectoría, a manos de estudiantes por los conflictos en varias escuelas.
– ¿Intentaron golpearlo?
– No, eso no, pero por más que le quiera poner otro nombre, era un secuestro. Ahí pasamos desde las siete o siete y media de la mañana que nos encerraron hasta como a las once o doce de la noche. Ya como a las siete de la tarde, cuando empezaba a oscurecer, los más chiquillos se asustaron y se fueron a sus casas, pero salían y los otros volvían a cerrar.
“Para entonces algún noticiero de radio dijo lo que ocurría y yo intenté, por muchos medios, incluso algo rudimentario (por la ventana aventábamos recados para que la gente que pasaba avisara), dar a conocer lo que sucedía. Yo esperaba que en un ratito llegara el procurador General de Justicia Jesús Antonio Sam López y su gente, pero no recibí apoyo de nadie. El gobernador como que no supo y me dejaron solo.
“Total, que como a las once de la noche llegan unos diez trabajadores de la Universidad, vigilantes, entre ellos gente de Gonzalo García y con un marro intentan abrir la puerta. A esa hora y allá, desierto el ambiente, el caso es que los marros sonaban en la puerta metálica pero de veras bonito, casi como si fuera dinamita. Y los muchachos se desinflaron. Ya cuando sintieron la presión algunos se pusieron histéricos: ‘¡nos van a matar!’. Total, que empecé a calmarlos junto con (Jorge Armando) Gómez Arias y mi gente.
“Les garantizamos que no les iba pasar nada; bajamos las escaleras y los muchachos venían atrás de nosotros. Entonces hablé con los trabajadores que todavía no abrían la puerta:
– ‘¡En cuanto abran, vamos a salir, pero llevo a todos los muchachos, no deben hacerles nada!’
– ‘¡No, nosotros nada más queremos que los suelten a ustedes!
– ¿Por qué los muchachos no abrían si traían la llave?
– Yo no sé, a lo mejor la traía uno de ellos y no quería decir que la tenía. La puerta se abrió a golpes, a marrazos.
EL COLOR AZUL Y LOS MURALES
En torno al característico color azul de la UAN, Javier Germán Rodríguez recordó que su antecesor Petronilo Díaz Ponce Abundis, también ya fallecido, tenía preferencia por el color naranja combinado con el negro “y así se pintaban los edificios de la Universidad. Los uniformes de los equipos deportivos de la Universidad siempre eran naranja y negro.
“A mí alguien me comentó que ese color incita a la violencia, y como todos los días amanecían las aulas pintadas y con letreros injuriosos, entonces pensé en cambiarle el color para bajar los ánimos. Ésa fue la intención, con un color menos agresivo. Entonces compramos botes y botes de pintura color azul, que es el color actual, el mismo.”
El maestro Germán, como fue ampliamente conocido, anotó que en una ocasión, encontrándose en oficinas de la SEP, se le plantearon que podría haber recursos para pintores de la UAN, acordando entonces hacer murales en las escuelas.
Recordó que, entre otros, en esa tarea participaron Fernando Campos Dorado, Juan Lamas, Víctor Sanger, Pedro Casant, Jorge Partida Brizo.
“Se entusiasmaron tanto que, había veces, les daban las nueve o diez de la noche y ahí andaban subidos en los andamios pintando, y no nos costó ni un solo centavo extra.”
El libro GERMÁN RODRÍGUEZ: ASÍ LO VIVÍ está a la venta en librería Alas de Papel, por calle Brasilia 42 A casi esquina con avenida Del Valle, colonia Ciudad del Valle en Tepic, a un costado del hospital San Rafael y teléfono 311-9099201.


