* Del calor extremo e incendios, en unas semanas pasaremos a la temporada de huracanes, sin contar los inesperados temblores.
El calor extremo, los incendios cada vez más devastadores, se han vuelto una constante en los últimos años en diversas regiones del país, y tal parece que llegaron para quedarse. Y junto con ello la sequía que nos afecta por parejo, la producción del campo, la ganadería.
Para dentro de pocas semanas, del fuego pasaremos a la temporada de huracanes que suelen generar inundaciones, el desbordamiento de ríos, la incomunicación con pueblos, la caída de árboles y postes.
Tanto unos como otros representan riesgo para las comunidades, además de la necesidad de que los gobiernos cuenten con importantes recursos económicos para destinarlos a esas emergencias, entre las que por supuesto hay que anotar los constantes temblores en México.
Así, con tales evidencias resulta increíble que hace unos años el ex presidente Andrés Manuel López Obrador haya desaparecido el Fondo de Desastres Naturales (FONDEN), mediante el cual se mantenía una importante cantidad de dinero para destinarse a estas emergencias.
En semanas recientes, incendios que han arrasado con miles de hectáreas en el municipio de La Yesca han evidenciado que Nayarit no cuenta al menos con un helicóptero para estas tareas, sino que depende de que se facilite desde alguna institución federal, como ha sucedido.
Es decir, cuanto más resulta evidente lo que está sucediendo con el cambio climático, drástico, implacable, con graves repercusiones para los humanos y la naturaleza, pareciera que los gobiernos disponen de menos recursos para hacerles frente.
Por ello, resulta más que necesario el cuidado de los recursos naturales, pero también regresar a un orden que permita el mejor manejo del dinero ante las contingencias naturales.


