“…no había razón para hacer una reforma tan profunda al Poder Judicial”

* Scherer Ibarra, ex titular de la Consejería Jurídica de la Presidencia, abunda que el mayor problema de la justicia en México está en los tribunales locales, en el fuero común.

* (Se pide a medios de comunicación NO plagiar las notas de Relatos Nayarit, por mínima vergüenza)

Hace unos meses, la editorial Planeta publicó el libro “NI VENGANZA NI PERDÓN”, escrito por el periodista Jorge Fernández Menéndez y por Julio Scherer Ibarra, quien en la primera parte del gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue titular de la Consejería Jurídica de la Presidencia de la República.

A lo largo del libro, Scherer, hijo de don Julio Scherer García -para muchos uno de los mejores periodistas que ha tenido México-, ajusta cuentas con diversos personajes: Jesús Ramírez Cuevas, Manuel Bartlett Díaz, Adán Augusto López, entre muchos otros, y aborda, en uno de tantos temas, la cuestionada reforma al Poder Judicial que impulsó López Obrador, que ahora ha llevado a jueces, magistrados y ministros a ser electos en votación pública y deja de lado la carrera judicial.

Scherer Ibarra precisa que estando aún en el gobierno, el presidente le pidió a Adán Augusto López que la Consejería dependiera de la Secretaría de Gobernación en la manera de operar, cargo en el que fue designada María Estela Ríos, ahora ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

“No fue una buena elección, porque puso todos los asuntos legales en manos de Adán y en manos de Ríos. Tengo mis reservas acerca del trabajo profesional de ambos en el campo de lo jurídico. Ese fue el trabajo de Adán”, se indica.

Y respecto a la reforma al Poder Judicial, Julio Scherer Ibarra desmenuza lo siguiente:

“Todo eso se podría haber evitado con interlocución con los jueces y magistrados. E, incluso, los ministros que votaron en contra de las resoluciones del presidente de la República no fueron todos; aquí se está acabando con un poder completo. Muchos de los jueces, incluso, validaron los planteamientos que hizo el Gobierno de la República en mi época. Yo no sé por qué la Secretaría de Gobernación -que contenía, como ya dijimos, la Consejería- no hizo lo suficiente para que hubiera habido todavía una opinión favorable. Yo creo que se pudo haber prescindido de esta reforma, porque no había razón para hacer una reforma tan profunda al Poder Judicial como la que se hizo.

“Como abogado, diría que, por supuesto, había cosas que se tenían que hacer con una reforma: separar a la Corte del Consejo de la Judicatura, establecer un tribunal de disciplina; había que ser estrictos, rigurosos; había que tener una parte administrativa totalmente al margen de los ministro, porque los ministros no son administradores: son jueces de un nivel altísimo. Y creo que esa es la reforma que debió de haber tenido el Poder Judicial; creo que se debió haber profundizado en todo esto. Porque el problema no necesariamente es la Corte ni son los tribunales federales; el mayor problema está en los tribunales locales, en el fuero común, que es donde se lleva la justicia de todos los días; donde más falta hacen abogados que defiendan a la gente; ahí se pierden las patrias potestades, se mete a los muchachos a la cárcel; ahí se ven todos los delitos con los que convive la sociedad a diario.”

– Y, si no se llega a una reforma profunda en donde jueces y magistrados estén bien capacitados, tengan los recursos suficientes y hagan el trabajo necesario, esta reforma que se está haciendo va a quedar inconclusa, en términos de que las personas van a seguir viendo a los mismos jueces, a los mismos magistrados, y van a seguir teniendo a sus hijos en la cárcel y a sentir que no hubo un cambio verdadero. Y uno de los grandes temas con el Gobierno es que, si los cambios no dan resultado -si no inmediatamente, lo más pronto que se pueda-, se pierden.

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