A las 8, todas las noches, el aplauso para quienes enfrentan el coronavirus…en España

* Y después, si alguien tiene una guitarra, un piano, un violín, si cantan, lo hacen de 10 a 15 minutos más.

 

Desde hace semanas, en España, a las ocho de la noche, las personas se asoman por las ventanas de sus casas para aplaudir entre uno y cinco minutos en agradecimiento a todos los trabajadores de la salud, al Ejército, a la policía, a bomberos y aquellos que se esfuerzan desde diversas áreas para frenar la pandemia del coronavirus.

Después, si alguien tiene una guitarra, un piano, un violín, si cantan, lo hacen de 10 a 15 minutos más.

Así es como honran a los que están afuera, mientras millones permanecen resguardados en casa, una situación que contrasta con quien ha ofendido a personal médico, como ha ocurrido en diversas partes de México, incluido Nayarit.

 

En Sevilla, España, a unos 150 metros de los campos de entrenamiento del Betis –equipo donde juegan los mexicanos Andrés Guardado y Diego Lainez-, vive la familia integrada por José Luis Del Viejo Escolar, su esposa Felisa Núñez Sanz, y sus hijos Julia, Juan, Felisa y José Luis.

A principios de año les invadió la preocupación: Julia, de 28 años, tenía unos meses viviendo en Shangai, China, gracias a una beca para estudiar arquitectura, pero en el periodo de vacaciones realizó, junto con unos amigos, un viaje turístico por otros países de Asia, cuando detonó el problema del coronavirus.

José Luis y Felisa le insistieron para que regresara a España, que dejara todo, pero ella consiguió llegar a Shangai, apenas antes de que las restricciones de movilidad aumentaran. De inmediato fue contactada por empleados de salud. Le entregaron dos termómetros y le exigieron que guardara cuarentena 15 días. Si desobedecía, podría ser encarcelada o, cuando menos, le retirarían la visa.

Durante el día, un chino que medio hablaba inglés le llamaba a su celular cada dos horas para que le dijera su temperatura y cómo se sentía. En su departamento recibía comida.

Julia continúa en Shangai, donde poco a poco se regresa a la normalidad. Si acaso ha sentido algún recelo por ser extranjera, y es que ahora se teme que sean los europeos o americanos los que lleven el virus.

 

El cinco de marzo, en el pueblo de Oliva, cerca de Sevilla, falleció el señor Manolo José Del Viejo, de 94 años, papá de José Luis. Ello motivó que Juan, de 28 años y quien trabaja en la Asociación Nacional de Logística, y Felisa, de 26 años, empleada en una compañía para reclutar personal, arribaran desde Madrid el primero, y de Londres la segunda, para asistir al sepelio de su abuelo.

Unos días después, el mayúsculo caos que desencadenó el coronavirus los obligó a quedarse; ahora cumplen sus trabajos a distancia, por medios electrónicos.

José Luis, Felisa madre y Juan consideran que el gobierno español tardó en paralizar el país -con excepción de las actividades esenciales-, por lo que el Covid-19 ha hecho estragos: hasta este lunes, más de 20 mil muertes de entre más de 200 mil personas contagiadas.

Juan recuerda que el ocho de marzo el gobierno permitió la concentración de miles por el Día Internacional de la Mujer, pero unos días después se anunció el Estado de Alarma. La obligación de estar en casa a menos que se tenga que salir por alimentos, a una farmacia u otra actividad de primera necesidad. Quien incumple puede ser multado.

“Ya no tenéis excusa de desinformación, el que no lo acepte es un ignorante”, comenta Juan a través de una videollamada al mediodía del domingo 19, las 10 de la noche en Sevilla.

José Luis, por su parte, reflexiona:

“No se trata de que sólo pienses en ti, porque la mayoría lo va pasar. Hay que pensar en los que, si los agarra el virus, no van a resistir, en los mayores o los que ya están enfermos. Se trata de salvar a otros. Quédate en casa no por ti, sino por tu abuelo, por el que no va resistir. Acá se muere por el colapso de los hospitales. Pero la gente se está portando bien.”

De profesión arquitecto, Del Viejo Escolar considera que varios países mostraron un orgullo excesivo de primeras potencias cuando el problema estaba en China, creyendo que no los golpearía:

“Acá en España hay un dicho muy conocido: ‘cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar.’

 

Rola es una perra de la raza Bóxer de un año que se ha vuelto crucial en la familia: pueden salir con ella entre 10 y 15 minutos, permiso autorizado para que las mascotas cumplan sus necesidades.

Cuentan que sus vecinos bromean, requiriéndoles  en préstamo a Rola para estirar las piernas en la calle.

Gracias a la cachorra, los cinco que están en casa han podido salir unos minutos. Durante la videollamada, Rola tenía su merecido descanso.

(En la imagen, José Luis, su esposa Felisa y Juan)

* Se pide a medios de comunicación NO plagiar las notas de Relatos Nayarit.

 

 

 

 

 

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