María Eugenia: “la cantidad más grande de dinero no suple el placer de servir»

* “Qué calidad de vida tienen millones y millones de mexicanos comparados con los hijos de muchos políticos que viajan por todo el mundo, los que se lucen en las redes. No hay una brizna de respeto a un pueblo lastimado. ¡Lastima mucho, me duele el alma!”.

 

Entre 1999 y 2002, primero don Justino –“Tino”- Ávila y, a su muerte, la señora María Eugenia Jiménez Valenzuela gobernaron el municipio de Tepic, ganándose un respeto de la ciudadanía que continúa en el tiempo. 

Activa en tareas ambientales o con una cercanía con trabajadores sindicalizados y con la dirigencia del SUTSEM, Jiménez Valenzuela acepta hablar respecto a qué ha sucedido, en su opinión, con las recientes camadas de funcionarios en el estado o en el país, donde no sólo se señalan una inmensa malversación de recursos públicos, sino que prácticamente se prueban y donde el enriquecimiento pareciera ser como una competencia.

Explica:

“Para construir una barda y no se diga un edificio, hay que crear condiciones: abrir para colocar cimientos y hacer toda una estructura para que soporte un techo, un piso, 20 pisos. Y si el de enfrente está viendo que se está construyendo y si no tiene con qué, va a conseguir porque ya le llamó la atención cómo se está construyendo un edificio. Él quiere igualarlo. Yo creo que así nace la competencia, que es sana, pero el problema es cuando viene la ambición que se desborda. Se desborda y además es contagiosa. Tener, tener y tener para verse en el espejo del otro. Igualarse tú con el otro. No quedarse abajo”.

– ¿Y eso podemos transportarlo a la función pública, a los personajes de la política?.

– Yo creo que son pocos los que escapan. He tratado de hacer ese recuento y hay pocos que entraron y no se contagiaron, no que se hayan enriquecido en el ejercicio del poder público. 

– ¿Por qué la mayoría se ‘contagia’, por qué ese cinismo?. 

– Estoy hablando de amigos míos que tendrán entre 60 y 70 años, que crecimos con otros valores, con respeto hacia mi mismo, hacia los demás y a mi entorno, hacia muchas cosas que ya no existen, que no hay umbrales y donde todo se ha desbocado. Es una carrera no de obstáculos, es una carrera de haber quién llega primero y quién con más. Es acumular el dinero y ¿por qué?, porque ha cundido el ejemplo. “Como ha dicho en muchas ocasiones la respetadísima Carmen Aristegui: ‘y no pasa nada’; entonces si este que hizo y no le pasa nada, ¿por qué me va pasar a mi?. Y es una cadena que se va eslabonando, repitiendo, al grado de que el poder por sí solo ha de causar una sensación, no puede ser un sentimiento porque creo que son la parte fundamental del ser humano y ligados a la espiritualidad. Creo que esta gente la ha perdido. 

“Se fueron convirtiendo en únicamente materia: la de acumular en un cuerpo vacío hacia el interior, a lo que puedo llamar valores, que también hay que cultivarlos y fomentarlos. Para ellos es nomás llenarse de cosas que son las de afuera: casas, carros, viajes, alhajas, comelitones, fiestas, todo eso. Con eso tratan de llenar el vacío que llevan dentro. Esa es mi apreciación como mujer y con mis años.

“Creo que en el mundo se ha perdido algo con lo que nacemos y que incluso gente como Newton reconoció en su momento: que la creación no pudo haber sido obra de la casualidad y entonces no tan solo somos materia, tenemos algo más. Pero estos se sacudieron y solamente los inunda el placer, el ego, el ‘quítate tú porque yo soy quien, a mí me deben reconocer, tú trabajo no vale’”.

– Del 99 al 2002 están don Tino Ávila y usted en la Presidencia Municipal de Tepic, y no ha habido nadie que los señale de haber tomado medio centavo. Hoy vemos que no solamente se señala, sino que se comprueban los desvíos.

– Se exhibe. Hoy abunda el consumismo del que tanto escribió Eduardo Galeano: de la competencia, de la vanidad, del yo soy por lo que tengo, no por lo que soy como ser humano. 

“Creo que en esto toda la sociedad somos culpables, absolutamente todos. Creo que lo que ha pasado en Nayarit es que estamos como atracados en un muelle, como si fuera un barco, estamos ahí por miedo de salir, de ir a altamar y ahí nos conformamos de estar. Tenemos miedo de movernos porque nos puedan atacar por allá. Y atracados nos saquean. Así está Nayarit: atracado en un puerto sin salida y con miedo a todo.

“Hoy en Nayarit lo estamos viendo y en el país también. Si no le consta a uno algún acontecimiento, no faltan otras personas al que sí le pasó, sí le quitaron, sí le secuestraron, sí esto y aquello. Y el miedo es contagioso. Haga el intento de ver por las calles donde transita cuántas casas no tienen rejas en todo Tepic. Ventanas chiquitas o grandes con rejas y rejas. Hay miedo. 

“Y los más lacerante es que hay miedo a las instituciones. El asunto que vaya a plantear, de pertenencia o de justicia, si expone ante un servidor público un caso, si va uno buscando el apoyo que puede proporcionarse, resulta que es muy recurrente que te digan: ‘ah cómo que tiene un lotecito, un ranchito, una casita’… 

“Que no digan como César Camacho Quiroz, que ‘eran leyendas urbanas’. No, por favor, basta de humillación a un pueblo. El pueblo ha sido explotado y lo han conducido bajo un esquema paternalista. Lo han hecho minusválido: ‘tú no puedes hacer algo por ti mismo, tienes que vivir de mi, yo soy el que puedo y por lo tanto vas a hacer lo que digo’. 

“¿Qué estamos viendo para conseguir votos?: la explotación a través de los programas sociales que para mi deberían desaparecer. No son necesarios si hay condiciones de trabajo bien pagados. Y claro, un sistema educativo que posibilite la capacitación y preparación de aquellos que van a ser la fuerza laboral de un país. Los programas sociales son dádivas porque los gobiernos saben que son una inversión porque les va redituar. Eso es explotar el hambre y la ignorancia. Y este sistema de partidos se prostituyó”.

– La forma de actuar de muchos funcionarios pareciera similar a la de delincuentes: crean empresas fachadas, utilizan prestanombres para disfrazar sus fortunas. 

– Yo creo que no hay ninguna diferencia: que vean que yo puedo y que yo tengo pareciera ser el espíritu de estos grupos. Es el tener más y más y más, y el costo es lo de menos: ¿cuántos de ellos, en este abandono de las familias sus hijos caen en las garras del otro grupo?.

 “Como dice Emilio Álvarez Icaza: ‘hemos llegado al borde del precipicio’, porque, qué calidad de vida tienen millones y millones de mexicanos comparados con los hijos de muchos políticos que viajan por todo el mundo, los que se lucen en las redes. No hay una brizna de respeto a un pueblo lastimado. ¡Lastima mucho, me duele el alma!”.

– Ese panorama que dibuja a nivel país, ¿qué pasó a nivel local?.

– Qué justifica la actitud que se ha asumido en los últimos dos sexenios. El anterior y éste: qué daño les hizo una sociedad nayarita para asumir ese comportamiento, esa conducta de ‘ni los veo ni los oigo, de estamos en paz y aquí no pasa nada’, todo lo contrario de lo que se habla acá. El lenguaje de ellos es todo lo contrario de la realidad. 

“Hay un autismo y alzheimer, pero no creo que ninguno de ellos padezca algo tan lamentable. Hay males que no están calificados pero son más dañinos y no a una persona: a familias, a generaciones.

“El país está muy dañado, el estado está muy dañado. En este proceso electoral hay una situación como nunca se había vivido: de desánimo, de descalificación para todo”. 

– ¿Ve alguna esperanza en el futuro gobierno?.

– Muy difícil. Siempre dice uno que lo menos peor que te puede pasar es esto. Lo menos peor que nos puede gobernar no puede ser. Nomás que hay remedios.

“Para todo mal hay un remedio, que es la revocación de mandato. Es lo más sano que puede existir en una sociedad democrática. En los gobiernos son tres y seis años y tache y tache y error tras error y ahí siguen y lo de menos sería que siguieran, pero que no estén perjudicando. Si no es para bien, pues que tampoco sea para mal”.

– Ve la posibilidad de que ese enjuiciamiento llegue al estado como ha ocurrido en otras partes?. 

– Ya debería haber llegado. Evidencia hay de sobra y hablemos del cortísimo plazo de los últimos dos gobiernos. En este mes de abril, aquí no ha habido alguna muestra de intento de remediación, de aclaración, de nada, porque estamos como flotando y como si no pasó nada y todo sigue igual.

“Hay que entender a la gente que no vive en mi colonia, en mi barrio, en la torre de departamentos; hay que conocer a esa gente que no vive como yo para ver qué le hace falta. Que el que llegue tenga un poquito de sensibilidad y compromiso, pero que no sea el de las campañas. No. Necesitamos un gobierno horizontal y no con los de siempre. 

“Yo he estado muy de cerca con la base laboral del SUTSEM y son personas que tienen el conocimiento de muchos años y saben cómo funciona un gobierno municipal, estatal. Están en todas partes. Sí, el gobernante tiene que llegar con gente de mucha confianza, pero la gente que opera no tiene que ser desplazada, ni ninguneada, ni denostada. 

“Soy simpatizante del sindicalismo, sea empresa o sea gobierno. Cuando fui presidenta municipal, mi mejor aliado fue el sindicato. Poco antes de salir de la presidencia, la líder –Águeda Galicia- me dijo: ‘te faltan dos meses y a qué hora nos sentamos a negociar?’. Le dije: ‘tú sabes mejor que yo cómo está esto, vámonos sentando y palomeamos lo que se puede’. 

“Nunca, jamás tuve un plantón del SUTSEM, tuvimos discusión pero nos entendimos perfectamente. Somos buenas amigas y si yo he podido y me ha pedido contribuir, ahí estoy con la clase trabajadora”.

Hace cerca de ocho años, María Eugenia Jiménez concluyó su último encargo público como diputada federal:

“Salí en agosto del 2009. De la Secretaría de Gobernación me ofrecieron cosas, que si quería una delegación y en qué estado, en el periodo del presidente Felipe Calderón. El último día como diputada federal, ya estaba en el aeropuerto y me llaman otra vez, pero yo quería volver a mis orígenes ambientales, a mi tierra. Y desde entonces estoy por la libre. No tengo ninguna afiliación política partidista, pero claro, haciendo política por veredas, por callejones”.

– Dibújeme usted misma a María Eugenia: sale a las calles, va al centro de Tepic a comprar sus cosas, y va sola.

– Si. Si.

– Eso es un placer, ¿no?. 

– ¡Sí!. Viera que bonito se siente que alguien me diga ‘cómo le agradezco, cómo le agradecemos mi familia y yo lo que hizo por nosotros’. Yo a veces ni me acuerdo pero eso es la mejor recompensa de haber prestado un servicio. Ahora que he andado con la gente del sindicato, no sabe cómo me han hecho sentir bien. Mucho. Me revive esa pasión de sentirme útil, de sentirme acompañada.

– ¿Volverán a aparecer más Tinos Ávilas, más María Eugenias en la función pública de Nayarit?.

– ¿Por qué no?. Pero no con esos slogan de que ‘yo doy la vida por Nayarit’. No, simplemente es cumplir un compromiso que la vida nos da la oportunidad de hacerlo. Estas oportunidades no son una tras otra y cuando se dan, es para verdaderamente disfrutar el placer de servir, el placer de ser alguien que fue útil en la vida para alguien, como un medio. Eso no tiene comparación, la cantidad más grande de dinero no suple ese placer. Es algo muy bello”.

– ¿Y hay muchos que se privan de ese placer?. 

– Lamentablemente así es. 

– Y prácticamente se ganan un desprecio social. 

– Es una humillación. 

– Hay ex funcionarios que después no pueden ni salir a las calles.

– ¿Cómo cambiar esto?, lo he dicho: la mayoría de las personas no va saber ni cuál es el diputado o el regidor que los representa. Les pido que vayan y llenen los cabildos y las cámaras de diputados de todo el país para que vean cómo votan los regidores y cómo votan los diputados, los senadores. Que vayan y sean testigos para que no vengan y les cuenten mentiras. Hay que vigilarlos, porque la Cámara de Diputados siempre está sola. Porque a la hora de las votaciones ya llega todo planchado por los dirigentes de partidos. Ya saben que van a votar como la dirigencia les dijo, aquí y allá y en todas partes. 

La mañana del miércoles 26, la señora María Eugenia ha llegado más que puntual al encuentro con este reportero. A su lado hay un libro que lee con emoción: “José Mujica, la revolución tranquila”, escrita por Mauricio Rabuffetti, acerca del reconocido ex presidente de Uruguay.

(Foto de archivo: Oscar Verdín/relatosnayarit) 

 

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