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Carlos Mitre: de lavador de carros a subdelegado del IMSS y campeón de boliche y dominó

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* Tenía ocho años cuando su papá fue asesinado en la sierra de Acaponeta. En 1960, ya en Culiacán, continuó lavando carros y viviendo donde podía; asistía a la escuela de seis a 10, 11 ó 12 de la noche.

 

Carlos Gutiérrez Mitre, a quien muchas personas conocen como Carlos Mitre, nació el 14 de abril de 1941 en La Mesa de Pedro Pablo, comunidad indígena de Saicota, municipio de Acaponeta.

Hijo mayor de la pareja formada por Griseldo Gutiérrez y Carmen Mitre, su vida dio un vuelco trágico cuando tenía ocho años porque su papá, de escasos 28 años, fue asesinado. Su hermano menor nació seis días después del crimen; son recuerdos fuertes y dolorosos que lo han acompañado siempre, observando a su joven mamá con seis hijos y sin tener siquiera para comer, lo que lo ha llevado a mantener una posición crítica frente a las religiones, que respeta, aclara.

Más adelante, llevado a Tecuala a casa de una de sus tías, tenía 10 años cuando fue subido a un camión que lo trajo a Tepic y llegó solo a la casa de su tía Irene Gutiérrez, esposa del maestro Alfredo Delgadillo Arreola.

Ingresó a cuarto año de primaria en el internado Juan Escutia; la secundaria la hizo en el internado de Enseñanza Secundaria Federal número 1, tipo B, lo que ahora es la Secundaria Federal 2. Ahí tuvo de compañero a Celso Humberto Delgado Ramírez, quien entre 1987 y 1993 fue gobernador del estado.

En esa época, siendo gobernador José Limón Guzmán, “me traían como el declamador oficial, donde había un acto y ocupaban un niño que declamara, me llevaban a mi.”

Terminada la secundaria, el adolescente Gutiérrez Mitre se dedicó a lavar carros en el hotel Imperial, a un costado de Catedral y por ahí se quedaba a dormir, porque era el lugar al que llegaban agentes viajeros con muestrarios de distintos productos que ofrecían no sólo en Nayarit sino en diversas ciudades como Culiacán, Nogales, Mexicali, Tijuana, y solía irse con ellos por semanas, trabajando como cargador de cuantas cosas llevaban en venta.

Dice que en una de esas, estando en Culiacán se enteró de la Preparatoria Nocturna de la Universidad Autónoma de Sinaloa y decidió mudarse a esa ciudad para seguir estudiando. Puesto que entonces se necesitaba a un tutor, firmó como tal Juan Manuel Ley López, quien años después se convertiría en cabeza de los empresarios dueños de Casa Ley y del equipo de béisbol Tomateros de Culiacán.

Conoció a Juan Manuel en la época que trabajaba de cargador y el papá de aquel, Juan Ley, el original “Chino Ley”, tenía una tienda grande que atendía junto con sus hijos. Ahí llegaba Gutiérrez Mitre con los agentes viajeros a finales de los años 50.

Para 1960, ya en Culiacán, continuó lavando carros en el hotel Silvia, y viviendo donde podía. Asistía a la escuela de seis a 10, 11 ó 12 de la noche, dependiendo de las clases que tuviera.

Terminada la preparatoria, se inscribió en la carrera de Derecho y consiguió un trabajo en la Junta de Agua Potable, donde conoció a una hermosa joven secretaria: Oralla Candil Fonseca, que años después sería su esposa.

Su relación con los agentes viajeros influyeron en él puesto que consiguió un nuevo trabajo como vendedor de carros y entonces conoció a familias de dinero de Culiacán, como la de Manuel Clouthier “Maquio” –que en 1988 fue candidato a la Presidencia de la República, por el PAN-, e incluso de narcos, “que siempre tienen dinero.”

El edificio Clouthier contaba con instalaciones para el juego de boliche y empezó a practicarlo con frecuencia, destacándose con buenos puntajes.

Puesto que la mayoría de las personas lo conocía como Mitre, su tarjeta de presentación decía Carlos G. Mitre.

Para 1966, el joven nacido en La Mesa de Pedro Pablo fue nombrado el mejor vendedor de autos de Culiacán, e incluso obtuvo una beca para estudiar Relaciones Públicas en el Instituto Chapultepec, filial del Tec de Monterrey. Dejó la carrera de Derecho.

Puesto que ya ganaba un buen dinero, tuvo inclinación por las bebidas embriagantes, situación que no era bien vista por la familia de Oralla Candil, y en una de esas se mudan a la Ciudad de México, pero antes de irse la joven le facilitó el nuevo domicilio. Unas dos semanas después, Carlos fue a buscarla y recuerda aquel día con una sonrisa en la cara. “Cuando mi suegra abrió la puerta y me vio, si no la agarro la pobre se desmaya.”

No sería fácil deshacerse de él.

Regresó a Culiacán y apenas obtuvo la carta de pasante, se fue a la Ciudad de México a empezar otra vez de cero. Oralla se convirtió en su esposa.

“Conocí chilangolandia mejor que los chilangos”, dice para indicar que anduvo buscando trabajo en todas partes.

Fue entonces que se iniciaron las guarderías del Instituto Mexicano del Seguro Social, se inscribió en el proceso de capacitación, hizo exámenes y obtuvo el segundo lugar, y aunque en la última revisión se pretendió hacerlo a un lado, señala que, incluso con lágrimas peleó por un lugar y finalmente fue aceptado.

Fue, a su vez, capacitador de las primeras guarderías que se abrieron en Puebla y otras en el Distrito Federal. Al dominar esa área, lo nombraron secretario particular del coordinador nacional de guarderías, Tarcisio Gutiérrez, lo que le valió para tener una buena relación con el sindicato de trabajadores del Seguro Social.

Regresó a Nayarit en 1979 como jefe del programa IMSS Coplamar, estando de delegado Luis Roberto López Arana. 20 clínicas fueron instaladas en distintas partes del estado.

Gutiérrez Mitre fue auditor del hospital 1 del Seguro Social, jefe de Prestaciones Sociales y Económicas, jefe de Prensa, asesor de Servicios Administrativos, subdelegado. “¡Yo era el cacique del Seguro Social en Nayarit!”, bromea.

Por diversas circunstancias, no llegó a ser delegado, pero le consta que los gobernadores Celso Delgado y Rigoberto Ochoa buscaron proponerlo.

En cambio, asegura que sí influyó para que José Trinidad –Pepe- Espinoza Vargas fuera delegado del Seguro Social. 

Recuerda que Espinoza había sido enviado a trabajar a Guadalajara, con quien el entonces titular del IMSS Genaro Borrego nombró director regional, pero antes de que Borrego dejara el cargo para irse de senador, Gutiérrez Mitre le sugirió a Pepe que hablara con su jefe y éste le pidiera a Borrego que lo nombrara delegado.

- Carlos, ¿qué crees?, ya soy delegado –le avisó posteriormente Espinoza Vargas.

Sin embargo, unos meses después, Pepe le habló aterrado. Su nombramiento no tenía la firma de Genaro Borrego y un trámite estaba parado. Todo podría venirse abajo.

Según Gutiérrez Mitre, él personalmente llevó el documento ante el entonces senador, a quien conoció años antes en el IMSS, y le pidió el favor de firmar la designación de Espinoza.

“¡Yo hice a Pepe Espinoza delegado, y dos veces!”, remata.

Con dos hijos, Nayar y Álica, que trabajan en el Poder Judicial Federal, ahora viudo, cuenta que, si de muchacho no era lo que querían en la familia de Oralla, el temblor de 1985 en el Distrito Federal hizo salir huyendo a su familia política y encontró cobijo en Tepic, precisamente con él. Aquí murió su suegra y en la misma tumba descansa Oralla.

En el lugar donde Gutiérrez Mitre habla con este reportero, hay un librero grande con numerosos ejemplares, lo mismo que las fotos de su mamá y de su esposa en gran tamaño, así como trofeos de jugador de boliche. Aquellos años en Culiacán le valieron para aprenderlo y desarrollarlo en competencias nacionales. Los hermanos José Octavio, Carlos y Manuel Menchaca reconocen que él los enseñó a jugar boliche.

“En el club Río Ingenio había un boliche y me hice socio.”

Recuerda que el doctor José Guadalupe Sánchez, papá del doctor Jorge Sánchez Ibarra, dueño del hotel Fray Junípero, apenas lo conoció y lo invitó a su equipo. “Él nos financiaba todo, pagaba el hospedaje.”

Una medalla y un trofeo lo distinguieron, en 1983, como campeón de campeones de boliche a nivel nacional.

Mientras tanto, agrega que era un niño cuando aprendió a jugar dominó. En septiembre de 1990, en Metepec, Puebla, obtuvo el primer lugar de dominó durante los  juegos nacionales del IMSS celebrados en ese lugar. Guarda una charola plateada que da cuenta del evento.

“¡La vida es una maravilla!”, dice la mañana de este lunes en su casa, ante los recuerdos que van brotando.

- “¡Quiúbo, cabrón!” –lo saludó Juan Manuel Ley cuando inauguró la primera tienda Ley en Tepic. Y el saludo sorprendió a muchos, pero pocos sabían cómo se conocieron en la juventud.

Retirado de la función pública hace más de 15 años, Gutiérrez Mitre habla de la importancia de estar ocupado, de que la gente siga activa y de salir a distraerse porque de otra forma se puede caer en depresión.

“Yo despacho de la una a las tres en mi oficina”, bromea, pero no tanto, porque efectivamente, de una a tres se le ve prácticamente todos los días tomando café con sus amigos, en Soriana Cigarrera.

- Yo puedo estar peleado con todos, menos con la cultura –pronunció hace unas semanas, cuando adquirió el libro GERMÁN RODRÍGUEZ: ASÍ LO VIVÍ, escrito por este reportero.

A La Mesa de Pedro Pablo va dos o tres veces por año. Es tierra donde abundan especialmente los Mitre.

(Los reconocimientos por campeón de boliche, y de dominó. Foto: Oscar Verdín/relatosnayarit)

 

 

 

 

 

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