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Casarse hombre-hombre, mujer-mujer; las parejas que abrieron camino

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* Daniel y Pedro, Isabel y Silbia dieron la cara al ser los primeros, en Nayarit, en ganar amparos; este jueves 17 el Congreso del Estado terminó con la prohibición para que dos hombres o dos mujeres puedan contraer matrimonio. 

 

En 2013, este reportero captó una fotografía de Daniel Aguirre Ortiz y Pedro Gutiérrez Mejía, juntos, afuera del Registro Civil de Palacio de Gobierno. 

Publicada la imagen, unas horas después hubo insistentes reclamos a quien esto escribe, pero no de ellos, sino de otras personas. Daniel y Pedro se convertían en la primera pareja del mismo sexo en formalizar en Nayarit su intención para contraer matrimonio, lo que lograron meses después, luego de obtener un amparo de la justicia federal –promovido por el despacho del abogado Alfonso Nambo- en contra de la prohibición marcada en el Código Civil y que este jueves 17 terminó con la reforma decretada por el Congreso del Estado.

Daniel y Pedro sudaron la gota gorda. 

Daban la cara por toda la comunidad lésbico-gay y no fue fácil. La ofensa, la burla de muchos fue despiadada, pero también hubo quienes les reconocían su integridad y su libertad para decidir qué hacer con sus vidas sin dañar a otros. 

Pero ahí estaba por una razón de peso: “no quiero llegar a anciano y no ser feliz”, comentó entonces Daniel a este reportero.

El día que finalmente concretaron el matrimonio, hubo toda una tarea de convencimiento por parte de líderes lésbico-gay para que aceptaran detenerse unos momentos frente a los reporteros -provistos con cámaras fotográficas y de video-, y mostraran el acta de matrimonio. 

A finales de agosto del 2015, más relajado con el paso del tiempo, Daniel Aguirre explicó la importancia que ha tenido el formar parte de una agrupación que ofrece ayuda emocional, psicológica, que permite una reflexión sobre el paso de cada quien por la vida.

Y es que, aceptó, ese enfrentarse al “que dirán” no es sencillo. Ejemplificó que él mismo, durante mucho tiempo evitó que algunas gentes se enteraran de su relación con Pedro, o de que, divulgada la foto de la pareja, ese momento cimbró profundo a muchas personas. 

A él mismo, dijo, lo tomó por sorpresa el reportaje, pero también significó un reto para regresar al Registro Civil.

Y resumió: “somos seres humanos y la sociedad debe aceptarnos como tal, como cualquier pareja. Quien vive dándole gusto a las personas, nunca va ser feliz”…

Daniel suele manejar una motocicleta y Pedro se acomoda en la parte trasera.

ISABEL Y SILBIA 

Isabel Flores Sánchez y Silbia (con b) Hernández Sánchez también empujaron la puerta del matrimonio entre personas del mismo sexo, al convertirse en la primera pareja de mujeres en lograrlo, en Nayarit, igualmente a través de un amparo promovido por el despacho de Nambo.

Ambas con hijos e Isabel ya abuela, en septiembre del 2014 dialogaron con este reportero. Por ejemplo, Isabel reflexionó: 

“Para mí, lo más bonito es estar con quien uno quiere, no con quien lo dicte la sociedad: que si eres mujer, estar con un hombre. No, hay que vivir con quien uno sea feliz”.

Recordó que hasta que tenía 32 años pudo hablar de su situación con su familia, algo cuyo recuerdo le trajo lágrimas. Y añadió que su papá, cuya reacción temía, la animó diciéndole: “eres mucha mujer hija, estoy orgulloso de ti”.

Silbia se adentró en el dolor que muchas veces representaron las burlas hacia ella y “que duelen feo”. Y consideró que ese miedo de muchos, hombres y mujeres, los detiene para que acepten su preferencia por otra persona del mismo sexo. “Se vive con miedo a lo que diga la gente y por eso muchos no se ‘destapan’”.

La decisión del Congreso del Estado para reformar el Código Civil era cuestión de tiempo, máxime que ya existen sentencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que avalan el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Pero el empujón mayor se dio, en Nayarit, cuando las parejas formalizaron su intención de unirse en matrimonio. 

Por eso la decisión de las dos parejas antes citadas tiene su valor histórico, en materia del respeto a los derechos humanos. Hay que darles su lugar, su reconocimiento.

(Silbia e Isabel. Daniel y Pedro. Fotos: Oscar Verdín/relatosnayarit)

 

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