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El presidente no quiere que la gente piense…

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* …sino que lo siga ciegamente a partir de “la mañanera”. Él dicta lo que sus fieles deberán repetir.

 

“Más vale ir apelando: que secretarios de SEDENA y SEMAR no se rindan a ideas dictatoriales”; así titulé el pasado 23 de abril, a propósito de la intención del presidente Andrés Manuel López Obrador que, en una franca violación a la Constitución, impulsaba ampliar dos años la permanencia del ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), lo que finalmente no prosperó. 

Pero el almirante José Rafael Ojeda Durán, titular de la Secretaría de Marina, y el general Luis Cresencio Sandoval González, de la Secretaría de la Defensa Nacional, parecen estar cediendo ante esas ideas.

Si López Obrador ha criticado a jueces de Distrito porque conceden suspensiones de amparo que frenan iniciativas del gobierno, Ojeda Durán en una ocasión se sumó a ello en “la mañanera” del presidente, para quedar bien con éste, aunque posteriormente ofreció una disculpa.

El reciente fin de semana tocó turno al mando de la SEDENA. En un discurso, Sandoval González señaló, según han recogido medios de comunicación:

“Las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional vemos en la transformación que vive nuestro país el mismo propósito de las tres primeras transformaciones: el bien de la Patria. Se enfoca en desterrar la corrupción, procurar el bienestar del pueblo, el progreso con justicia, la igualdad, el crecimiento económico, educación, salud y seguridad, entre otros rubros. Como mexicanos, es necesario estar unidos en el proyecto que está en marcha…”

El general secretario ha merecido críticas porque sus palabras parecen repetir lo que dice el presidente, lo que representa un riesgo por ser quien dirige al Ejército. 

Todos los días el presidente se dedica a confrontar a los habitantes del país. No tolera la crítica y pretende imponer su visión por encima de todo, incluida la Constitución.

Esta semana se conoció un decreto del presidente que considera de interés público y seguridad nacional diversas obras del Gobierno Federal, con lo que, se ha advertido, no se rendirían cuentas sobre proyectos en comunicaciones, telecomunicaciones, aduanero, fronterizo, hidráulico, hídrico, medio ambiente, turístico, salud, vías férreas, energético, puertos, aeropuertos, entre otros.

El presidente se resiste a la transparencia. Nada debe hacerle mosca a sus arranques de dictador.

López Obrador provoca el choque entre los ciudadanos de México. Una crítica a su gestión equivale a ser tachado de conservador o estar del lado de la corrupción.

Pero habría que cuestionar al presidente o a quienes son sus defensores, qué hubiera pasado si un decreto como el citado surgiera en gobiernos como el de Enrique Peña, Felipe Calderón, Vicente Fox o cualquier otro. ¿López Obrador lo hubiera justificado como lo hace ahora?, por supuesto que no.

Hay una característica singular en el presidente: no quiere que la gente piense, sino que lo siga ciegamente a partir de “la mañanera”. Él dicta lo que sus millones de fieles deberán aceptar, repetir.

Si dice que con él se acabó la corrupción hay que creérselo, y si asegura que hay menos pobreza también, o que disminuyeron las matanzas, o que ya mejoró la economía, o que hay que desaparecer al Instituto Nacional Electoral (INE), y así por el estilo, como si fuera un ser supremo.

Y ahí el riesgo de que los mandos del Ejército y la Marina se rindan ante él.

* Se pide a medios de comunicación NO plagiar las notas de Relatos Nayarit. 

 

 

 

 

 

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