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Jue, May
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El invidente que leyó poemas de Gabriela Mistral

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* Tomó un libro grande, lo abrió y mientras movía lentamente los dedos sobre la superficie, lo oí pronunciar el exquisito poema “Meciendo.”

 

Hace cuarenta y tantos años en que iba a la escuela primaria, con alguna frecuencia encontraba a un hombre de poderosa imagen y al que llegué a temer, situación de cierta forma entendible en un niño.

Se trataba de Benito, invidente, quien generalmente caminaba solo, ayudándose con un palo liviano para irse guiando, con golpes suaves en el suelo entre derecha-izquierda-derecha-izquierda.

En esa época Benito debía tener menos de 50 años; a falta de vista desarrolló los demás sentidos y creo que casi diario se trasladaba a Tepic desde Francisco I. Madero (Puga), abordando el camión y moviéndose entre las calles.

Más adelante llegué a intercambiar saludos con él. Una de mis hermanas y su familia tienen su casa cerca de donde en aquella época vivía Benito.

Hace quizás 25 a 27 años lo encontré en Tepic y lo detuve para platicar un poco con él. Le dije que quería escribir sobre su persona. Unos días después lo visité en una casa por el rumbo de las colonias Lomas de la Cruz y Chapultepec. Me comentó que la finca se la prestaba el señor Pepe Hernández Guillén, ya fallecido.

Entre las cosas que recuerdo es que, me dijo, llegó a viajar hasta Puerto Vallarta, solicitando apoyo por su incapacidad visual.

Benito me habló de uno de sus gustos: leer.

Sí, dominaba el sistema de lectura y escritura Braille para personas ciegas.

Entonces le pedí que leyera algo. Tomó un libro grande, lo abrió y mientras movía lentamente los dedos sobre la superficie, lo oí pronunciar el exquisito poema “Meciendo”, de Gabriela Mistral, chilena, Premio Nobel de Literatura:

“El mar sus millares de olas,

mece, divino.

Oyendo a los mares amantes,

mezo a mi niño.

El viento errabundo en la noche

mece los trigos.

Oyendo a los vientos amantes,

mezo a mi niño.

Dios Padre sus miles de mundos

mece sin ruido.

Sintiendo su mano en la sombra

mezo a mi niño.”

 

Aquella nota fue publicada en el periódico Meridiano.

No he sabido más de Benito. Si vive o ha muerto.

Pero me dejó una lección sobre la importancia que tiene leer, cualquiera que sea nuestra condición.

El poema lo recuperé gracias al Internet.

(La imagen es del sistema Braille)

* Se pide a medios de comunicación NO plagiar las notas de Relatos Nayarit.

 

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