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Acaso lo del ministro Arturo Zaldívar sea un ensayo para un atraco mayor

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* El titular del Poder Ejecutivo, vía el Legislativo, intenta someter al Poder Judicial a través de Zaldívar.

 

Andrés Manuel López Obrador lo volvió a hacer.

A través de senadores de su partido MORENA y aliados, se aprobó ampliar dos años la presidencia del ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), lo que, se ha advertido, es inconstitucional pues de terminar el cargo en 2022 como corresponde, pasaría hasta el 2024, cuando López Obrador también concluirá.

Si bien el asunto aún no se materializa, pues debe pasar a la Cámara de Diputados y, si fuera el caso, a la propia Suprema Corte, lo más preocupante es la señal que repite el presidente: quiere todo bajo su control, con lo que hiere de muerte a la división de poderes.

“Cada cuatro años, el Pleno elegirá de entre sus miembros al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el cual no podrá ser reelecto para el periodo inmediato posterior”, se indica en el artículo 97 constitucional, al que se ha hecho alusión para advertir la violación cometida por el Senado, diseñando un traje a la medida del ministro Zaldívar.

Grave escenario en el que queda el ministro: es un personaje que a López Obrador le resulta manejable para acrecentar su autoritarismo, debilitando al Poder Judicial.

Ya hace meses Zaldívar dejó constancia de ceder ante la presión del presidente, cuando inclinó la balanza y con seis votos contra cinco la Suprema Corte declaró la constitucionalidad de una consulta ciudadana que deriva en una pregunta con miras a enjuiciar a ex presidentes.

Aquel episodio se consideraba que no prosperaría, y sin embargo pasó. Ahora puede ocurrir lo mismo y así nos la vamos llevando.

 

Ayer el Consejo de la Judicatura Federal se deslindó del asunto:

“El artículo decimotercero transitorio dado a conocer el día de hoy no sólo no fue elaborado por el equipo redactor de las propuestas originales, sino tampoco fue solicitado por el Poder Judicial Federal”, se indicó en un comunicado.

De igual forma, este viernes López Obrador intentó aparentar que supo del tema hasta que salió del Senado, pero agregó que al ministro Zaldívar le tiene confianza y lo considera una persona íntegra, honesta.  

Según el presidente, él estaría de acuerdo en la citada extensión de dos años, para que sea Zaldívar quien encabece la reforma al Poder Judicial.

Las propias palabras de López Obrador lo desnudan: pensar que fue obra del Senado y que él no sabía, nada más confirma que es el orquestador de todo esto.

El titular del Poder Ejecutivo, vía el Legislativo, intenta someter al Poder Judicial a través de Zaldívar.

Posiblemente lo anterior ya no debería sorprendernos, pero sí preocuparnos: cuando López Obrador identifica a alguien bajo su influencia, un aliado, un incondicional, lo protege con todo: que Félix Salgado Macedonio pueda ser candidato y gobernador de Guerrero será porque el presidente lo sostiene, a pesar de los señalamientos de presuntas violaciones sexuales.

Y ahora el apapacho es para Zaldívar Lelo de Larrea, y no con buenas intenciones.

Por el contrario, lo que no está bajo dominio del presidente es objeto de fuertes ofensivas, descalificaciones, como ha sucedido recientemente con el Instituto Nacional Electoral (INE).

Acaso esa sea la mejor forma de interpretar sus decisiones.

En Nayarit, hace años se vivió esa concentración de poder principalmente en una persona: el fiscal Édgar Veytia, cuya influencia fue evidente en el Poder Judicial del Estado, con un resultado desastroso.

Hoy no pueden el presidente y sus aliados legisladores lesionar la independencia del Poder Judicial Federal.

La suma de tantos casos encaminados para que estén bajo la sombra de López Obrador resulta inquietante.

¿Qué seguiría?: si llega a cuajarse el asunto Zaldívar y si los candidatos afines a López Obrador vuelven a dominar la Cámara Diputados y de Senadores en la elección de junio -lo que es posible frente a una oposición que no tiene cara de presentarse como mejor opción- que no nos sorprenda si a mano alzada o preguntándole al pueblo noble –como le gusta decir-, en una de esas el presidente sale con que no se quiere ir en el 2024.

Acaso lo de Arturo Zaldívar sea un ensayo para un atraco mayor: México.

(En la imagen, el presidente y el ministro)

* Se pide a medios de comunicación NO plagiar las notas de Relatos Nayarit. 

 

 

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