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Habla heroica enfermera de Covid-19: “he llorado, es muy difícil lo que se está viviendo, cuídense”

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* Ha atendido a cientos con coronavirus, se confirma advertencia de saturación de hospitales en Nayarit y, “lo más triste", la falta de ventiladores.

 

Sí, se ha deprimido.

Sí, ha llorado la muerte de enfermos Covid-19 para los que llegó a representar la esperanza de seguir viviendo.

Sí, se sigue animando:

“La mayor satisfacción, lo que lo hace especial, es la mejoría de ellos. Verlos cuando se van dados de alta, y se van llorando de alegría.”

En los últimos cuatro meses, esta enfermera, madre de familia, cuya identidad será omitida, ha trabajado en un hospital de Tepic en la primera línea frente al Covid-19.

De sus palabras hay una conclusión a la que arriba este reportero: la advertencia de las últimas semanas de la inminente saturación de hospitales en el estado, y la urgencia para que la ciudadanía disminuya su movilidad y, por lo tanto, los contagios, ya llegó: ya no hay suficientes ventiladores especiales, por lo que muchos enfermos de gravedad reciben oxígeno a través de puntillas nasales y una mascarilla.

Se insiste: habría pacientes que debieron tener ventilador, pero todos están ocupados.

Hay una expresión en la profesionista que es especialmente terrible: cuando un enfermo pide que le coloquen oxígeno, pero no es que no lo tenga, sino que es tanta su necesidad que ya no se da cuenta porque lo que recibe es insuficiente:

“Damos todo por ellos pero, la verdad, es muy difícil lo que se está viviendo.”

 

A la fecha, esta mujer heroica ha atendido a cientos de pacientes Covid-19, la mayoría de los cuales superó la enfermedad y fue dado de alta, pero también hay quienes murieron.

Por el diario contacto con personas enfermas se ha  realizado pruebas de coronavirus, afortunadamente con resultado negativo, aunque otros compañeros sí se han contagiado.

En esos días de internamiento, aunque llega con los pacientes con el equipo de protección, hay algunos que pronto la reconocen: por los ojos, la complexión, la voz. Hay quienes se apegan a ella y quisieran que esté a su lado las 24 horas del día.

Por ejemplo, cuenta que se ha pasado hasta una hora dando de comer a un enfermo, retirando la mascarilla para que consuma alimento, y volviéndola a poner por la necesidad de oxígeno:

“No me da miedo darles en la boca. Tienen que comer y tenemos que ayudarlos, estarlos vigilando mucho. Hay una gran responsabilidad y quieras o no te involucras con el paciente. Lo dejas bien al salir de tu turno, pero esta enfermedad te da sorpresas, te deteriora desde la laringe, los pulmones. A un señor que murió hace unos días, la verdad le lloré en mi casa. Una vez me gritaba que no tenía oxígeno, pero ya era su dificultad para respirar. Él quería que nada más yo lo atendiera.

“No reniego de mi trabajo. Lo hago con la satisfacción de ayudar, pero me deprime mucho la carencia de ventiladores; ahí es donde deberían irse las inversiones de los gobiernos, en la salud.”

La narración lleva a una conclusión de este reportero: podría haber muertes que se han acelerado por la falta de ventiladores.

Para los enfermos Covid-19, el hospital mantiene comunicación con familiares para explicarles su estado.

 

El uso de guantes, cubreboca, careta, y otros artículos de protección personal, los que, precisa, hay lo suficiente, aunque al inicio de la pandemia debió comprar de su bolsa, genera toda una preparación de su cuerpo para evitar ir al baño durante la jornada, por lo que ha tenido infección en vías urinarias.

Si trabaja por la tarde, desayuna fuerte, toma mucha agua y consume cápsulas de Complejo B, antioxidantes, hierro, pero conforme va acercándose su hora de entrada deja de ingerir líquido. Ya en el hospital por última vez se enjuaga la boca, pero tira el agua.

Cena hasta la noche, de regreso a su casa.

Y si llegan a trabajar hasta 12 horas, se permiten dos horas de descanso para que puedan comer y bañarse. Y después regresan a la jornada:

“Hay días que estamos a cargo de hasta 16 enfermos. Es un número alto, pero también hay carencia de personal.”

 

De acuerdo con la enfermera, no hay una satisfacción más grande que ver cuando un enfermo Covid-19 es dado de alta:

“Se van llorando de alegría y no caben de agradecimiento para con nosotros. Me han ocurrido cosas como el hecho de que quieren volverme a ver o comunicarse conmigo para hacerme algún regalo. Yo se los agradezco, pero no es necesario. Una persona me dijo que me prestaría una casa que tiene desocupada, y otra quería regalarme su carro –“¡se lo doy, lléveselo, yo se lo regalo!” - para que ya no ande pagando taxi. Claro que no acepté. Como no me conocen porque siempre me ven con cubrebocas y careta, les digo que yo sí los conozco y los voy a saludar cuando los encuentre en la calle y todo esto haya pasado.”

 

La enfermera hace un llamado a la población, a quienes puedan leer su testimonio, sobre la importancia de guardar distancia respecto a otras personas, del lavado de manos, y de estar en casa el mayor tiempo posible. Sólo así disminuirán los contagios.

Las áreas destinadas a Covid-19, cuando menos del hospital donde ella trabaja, está a su máxima  capacidad:

“Lo más triste es la falta de ventiladores. Cuídense.”  

Ella misma ha tenido que estar distante de su familia más cercana. Hace meses que no visita a seres queridos, precisamente para protección de ellos.

 

Integrante de la primera línea contra el Covid-19, un reconocimiento para ella.

* Se pide a medios de comunicación NO plagiar las notas de Relatos  Nayarit.

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