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El ex regidor reaparecido después de un año cuenta su versión ante un juez, y despierta dudas

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* Habría quienes creen que tras un año de encierro, torturado, mal comido, su estado físico y emocional debería presentar graves secuelas.

 

A un año de que se produjo la desaparición del ex regidor de Bahía de Banderas, Salvador Macías Valdés, y luego de que éste reapareció a mediados de junio en Irapuato, Guanajuato, coincidentemente el viernes 28 se celebró una audiencia relacionada con el señor Ricardo Guerra Sánchez, ex director de Seguridad Pública, a la que asistió el ex regidor en calidad de víctima.

La audiencia intermedia en la causa penal 57/2018, por el delito de desaparición forzada, fue pospuesta 10 días, sin embargo, ante el próximo periodo vacacional del Poder Judicial, se celebrará hasta el 16 de agosto, según precisó el juez de control Filiberto Rojas García.

La asistencia de Macías Valdés en la sala 1 de juicios orales, llevando puesto un collarín, motivó que la defensa pública, integrada por Emmanuel Lira Romero, Bertha Alicia Villalobos Quintero y Jorge Luis Uribe, solicitara, en voz del primero, un interrogatorio a la víctima para que precisara, entre otras cosas, lo acontecido mientras estuvo recluido en la prisión municipal de Bahía de Banderas, de donde desapareció.

Se trató de un ejercicio previo a solicitar un cambio de medidas cautelares a favor del señor Ricardo Guerra, dado que se encuentra en prisión preventiva, aunque el juez no aceptó la modificación de medidas.

De los cuestionamientos de Lira Romero, Salvador Macías se mantuvo en lo suyo, asegurando que fue sacado de la cárcel municipal colocándosele una capucha, luego trasladado en vehículo, y permaneciendo durante casi un año en un cuarto, donde sus captores le daban comida, como atún, en ocasiones cada tercer día.

Resultó obvio que el interrogatorio pretendía mostrar que el ex regidor podría saber más de lo que cuenta.

Si bien existió un delito tras la desaparición de la cárcel municipal de Bahía de Banderas, se indaga si realmente fue una desaparición forzada. En la propia Fiscalía General del Estado (FGE) hay dudas en ese sentido.

Previo a responder las preguntas, el juez apercibió al testigo para que respondiera con verdad, pues de lo contrario incurriría en un delito de falsedad.

 

Tras describir su detención por parte de policías municipales, Salvador fue recluido en una celda. Dijo que durante la madrugada siguiente, mientras dormía, fue levantado de un jalón, se le puso una capucha y subió a un vehículo, para posteriormente abordar otro, éste último con un trayecto mayor, durmiendo a ratos.

“Me bajan y me hacen caminar horas”, para luego ser encerrado en un cuarto donde sólo había un catre. En una esquina hacía sus necesidades físicas –respondió al defensor Lira Romero.

De igual forma señaló que no comía diario, sino cada tercer día y que le daban atún, pan, galletas, agua.

¿Se bañaba?

Respondió que cuando se sentía muy sucio le daban una cubeta con agua para que se enjuagara.

Nunca vio la cara de sus captores.

Dijo también que las uñas se las cortaba con los dientes, y que el pelo y la barba en una ocasión se los cortó uno de los desconocidos, utilizando tijeras, aparentemente unos días antes de su liberación.

Insistió que durante su cautiverio fue torturado, y que al ser abandonado se le dejó con las manos atadas. Incluso escuchó detonaciones de arma de fuego.

Caminó entonces hasta llegar a una carretera y en una llantera encontró una señora a quien pidió ayuda. Un hijo de ella trajo un cuchillo para arrancar el cincho y, luego, en una moto lo llevó muy cerca del cuartel militar de Irapuato porque, según le dijo Salvador, no quería meterlo en problemas.

De allá marcó al teléfono de un familiar en Bahía de Banderas.

Macías negó que hubiera sido revisado por un doctor o un psicólogo. Del cuartel llamaron a la Fiscalía de Guanajuato y un grupo de policías fueron por él.

Presentado con una agente del Ministerio Público, se le compró ropa, precisando que durante el año de cautiverio utilizó las mismas prendas.

Hasta entonces fue llevado a un hospital, siendo revisado por una doctora, y en Fiscalía habló con una psicóloga.

Era el sábado 15 de junio. Un día después fue entregado a sus familiares.

La Fiscalía de Guanajuato se negó a entregar a Macías Valdés a elementos de la Fiscalía General de Nayarit que arribaron a Irapuato.

 

El señor Álvaro Macías Morales, papá de Salvador, también fue interrogado.

Entre otras cosas, recordó que tras la detención de su hijo, por una supuesta falta administrativa, en la prisión municipal se negaron a liberarlo, explicando que debían verificar en una plataforma si no estaba involucrado en algún delito.

La defensa insistió que el ex director de Seguridad Pública podría continuar el juicio en libertad, proponiendo su presentación periódica, una garantía económica, la prohibición de salir del estado, así como no acercarse a la víctima. El juez se pronunció en el sentido de que prevalecerá la prisión preventiva.

 

Otros agentes municipales también están vinculados a proceso y hay órdenes de aprehensión sin ejecutarse.

La reaparición de Salvador Macías ha despertado cuestionamientos sobre si está contando toda la verdad. Habría quienes creen que tras un año de encierro, torturado, mal comido, su estado físico y emocional tendría que presentar graves secuelas.

En la audiencia no fue revelado si la Fiscalía de Nayarit ya cuenta con las actuaciones practicadas en Irapuato sobre el estado en que se le encontró el 15 de junio.

(Salvador en una foto en Facebook previo a su desaparición)

* Se pide a otros medios de comunicación NO plagiar las notas de Relatos Nayarit.

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