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Rocío Aguilera, entre la prevención de delitos y la limpieza de espacios públicos

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* “Mis hijos fueron mi motor, porque hubo quien me ofreció hasta andar en cosas de drogas, y claro que dije que no.”

 

- Lista, ya me puse mi traje –bromea María del Rocío Aguilera García, que se ha encimado una blusa de manga larga, toma una ‘araña’ y se pone a trabajar en la limpieza de un área verde a la altura de la colonia Benito Juárez, junto al libramiento.

Empleada de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE), Aguilera García funge como enlace con los comités de acción ciudadana para impulsar en las colonias la creación de consejos de prevención de delitos, coordinación a la que está asignada. Y si bien esa tarea regularmente se efectúa por la tarde-noche, durante la mañana trabaja en la limpieza de espacios públicos junto a personas en proceso de rehabilitación de drogas.

Hace cerca de 26 años, Rocío inició su trabajo en la entonces Procuraduría General de Justicia, aseando las oficinas. Había vivido una época de violencia familiar extrema –“días que no salía de la casa, de cómo me quedaba la cara por los golpes”- y tenía dos hijos pequeños, Érika y Octavio, ahora de 33 y 32 años.

“Mis hijos fueron mi motor, porque hubo quien me ofreció hasta andar en cosas de drogas, y claro que dije que no.”

Rocío había cursado la carrera de trabajo social y mostró sus documentos a la entonces presidenta del DIF Martha Elena García, que le valieron para que se le asignaran funciones relacionadas con individuos detenidos.

Años después, buscando participar en tareas de prevención, dice que esa oportunidad se la dio Luis Eduardo Jiménez, lo que le permitió dar pláticas en escuelas y presentaciones de teatro guiñol, entre otras actividades, en diversas partes del estado.

Y ese mismo respaldo encuentra ahora en Teresita de Jesús Cebreros, directora de Prevención.

Si esta mañana de martes Rocío está en la colonia Benito Juárez, es porque previamente se instaló el consejo de prevención del delito que, explica, ayuda a ser un enlace entre ciudadanos y la Secretaría de Seguridad Pública, para plantearse la problemática que se vive en los barrios. Aclara que los consejos no son fáciles por la poca participación de la mayoría de las personas, aunque agrega que se ha involucrado en la creación de unos 130.

De igual forma, añade que los anexos de rehabilitación que participan con algunos de sus integrantes, en tareas con pala y carretilla, machete, talache, suelen recibir ropa o comida en las colonias.

Aunque Rocío es empleada sindicalizada, por horarios no se detiene, aclarando que no recibe compensación aunque frecuentemente termina la jornada por la noche. Le irrita saber de personas que medio trabajan y en cambio se aferran a un horario de salida, sin permitirse dar más.

“Me gusta mi trabajo y lo hago como si fuera trabajadora de confianza. Aquí no hay horario.”

En el vehículo que se traslada la cuadrilla de trabajadores también llevan los utensilios.

Rocío tiene otra hija, Jéssica, de 18 años, procreada con su pareja Gonzalo Robles, quien durante muchos años fue comandante de tránsito, ahora retirado.

“Nunca voy a perder la fe para trabajar en algo que ayude a la prevención de delitos”, agrega entusiasmada.

(Rocío Aguilera, esta mañana. Foto: Oscar Verdín/relatosnayarit)

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