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El doctor José de Jesús Zambrano: “no me sé negar, si puedo ayudar, ayudo”

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* Pediatra de miles de nayaritas durante más de 50 años, Zambrano Cárdenas cuenta de su origen y de cómo circunstancialmente llegó al estado: “ahora me siento más nayarita que nada”.

 

Eran los años sesentas.

Un grupo de jóvenes médicos cruzaba por Nayarit, rumbo a Tijuana, puesto que allá harían su internado de pregrado, cuando uno de ellos comentó que estas tierras le gustaban y encontraba similitud con el estado de Veracruz.

Como cosas del destino, tiempo después, ése doctor, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), haría su servicio social en el centro de salud de Quimichis, municipio de Tecuala, donde por si fuera poco conoció a Ana Elsa Parra, que después sería su esposa.

Se trata del doctor José de Jesús Zambrano Cárdenas, quien durante más de 50 años ha atendido a miles y miles de nayaritas, especialmente niños puesto que es pediatra.

Reconocido y apreciado por muchos, no sólo por su trabajo como médico sino como maestro -dio clases en la Preparatoria de Tecuala y en las escuelas de Enfermería y Medicina de la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN), y precisamente en Medicina fue director durante ocho años-, Zambrano Cárdenas tiene un gesto extra y que plasma así: “no me sé negar, si puedo ayudar, ayudo”, y así es: en su casa, en ocasiones a altas horas de la noche llegó a  ofrecer consultas a niños con algún padecimiento, calmando la preocupación de sus padres.

A unos días de cumplir 80 años, el doctor cuenta a este reportero aspectos de su vida que para la mayoría son desconocidas, pero que retratan el origen de su calidad humana.

Hijo de Juan Manuel Zambrano y Martina Cárdenas, nació en Concepción de Buenos Aires, Jalisco, en una época en que el país aún vivía hechos violentos producto de la Guerra Cristera.

De hecho, agrega, él conoció a su papá cuando tenía unos cuatro años y ya se habían mudado a Cerro Azul, Veracruz, puesto que, siendo muy pequeño, en Concepción de Buenos Aires un grupo de personas mató al presidente municipal y al tesorero, mientras que el secretario municipal consiguió salvarse: se trataba de su papá, entonces de 23 años.

Su vida en peligro, el joven Juan Manuel Zambrano dejó todo en Concepción de Buenos Aires y años después, ya en Cerro Azul, trabajó como reportero de diversos periódicos y como peluquero. Transcurrido el tiempo, su hijo había terminado la carrera de médico y le propuso ir a su pueblo de origen, para saludar a familiares. Su papá ya tenía cerca de 50 años y el viaje transcurrió sin contratiempos.

Más adelante, el doctor convenció a sus padres para que se trasladaran a vivir a Tepic. Así lo hicieron y aquí murieron.

“YO TRABAJABA MUCHO”

Zambrano Cárdenas cursó la primaria en Cerro Azul y la secundaria en un internado de Atlacomulco, Estado de México, cuyo maestro de biología era un personaje que con el tiempo alcanzó los más altos niveles de la política en el país: Carlos Hank González, ya entonces presidente municipal.

Era tan buen estudiante que, incluso, Hank González lo ponía a ayudarle a calificar los exámenes de los demás alumnos.

Y añade una anécdota que le causa risa: una tarde, varios estudiantes del internado se fueron de raite a Toluca para ver la lucha libre, pero pasó un incidente y los detuvo la policía. Eran unos ocho adolescentes y pidieron que le hablaran al presidente municipal: Hank no sólo fue por ellos, sino que también los llevó a comer tacos y después los regresó a Atlacomulco.

Zambrano Cárdenas estudió en la Preparatoria 1 y luego la carrera de Medicina, ambas en la UNAM, y de ahí le tocó hacer el internado de pregrado en el Seguro Social de Tijuana, en agotadoras jornadas de 32 horas por 12 de descanso.

Cuenta que en esa época aprendió mucho e, incluso, se le permitía realizar operaciones, aunque siempre supervisado por el médico responsable: “yo me metía en todos lados y me soltaron las manos. Era bueno en las cirugías, aquí en Tepic también hice muchas”.

Un año después arribaría al centro de salud de Quimichis para cumplir su servicio social y a partir de entonces se quedó y, como él lo dice, “ahora me siento más nayarita que nada”.

Cumplida la especialidad de pediatría en hospitales Infantiles del Departamento del Distrito Federal, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) le ofreció un espacio en Tepic con la figura de ‘médico familiar de menores’ que ya no existe, y posteriormente una plaza como pediatra.

Hace unas semanas y aunque ya jubilado, el IMSS le otorgó un reconocimiento por el servicio prestado en tantos años. Dice que por su consultorio han pasado personas que le llevan a sus hijos pero hace decenas de años también fueron sus pacientes.

“Yo trabajaba mucho; cuando no estaba en el Seguro Social estaba visitando a los pacientes que tenía en algún otro hospital. No paraba. Salía muy temprano de mi casa y si acaso regresaba a comer un ratito y volvía a salir. Había días que veía muy poco a mis hijos porque cuando regresaba ya estaban dormidos”.

Zambrado Cárdenas es papá de José de Jesús, Juan Antonio, Ana Elsa y Alejandro, este último también pediatra y actual director de la Unidad Académica de Medicina de la UAN.

De acuerdo con el doctor, en aquella época que venía a cumplir su servicio social en Quimichis, casualmente se enteró que su prima hermana Nanci Villarreal Cárdenas, también doctora, estaba casada con Pedro López Díaz, que, a su vez, resultó ser primo de su esposa Ana Elsa. Nanci y Pedro vivían por la avenida Juárez en Tepic y años más tarde les rentó la casa y ahí instaló una pequeña clínica. “Yo era muy inquieto, me gusta la creación”.

Explica que el doctor Roberto Yáñez Pérez y él fundaron el Sanatorio Guadalupe, aunque después dejó la sociedad para dar vida a la Clínica Infantil, donde se realiza el encuentro con este reportero.

José de Jesús Zambrano platica que vivió la época donde aún era común que el doctor fuera a la casa del paciente, pero un día puso fin a ello cuando fue amenazado por un sujeto con un cuchillo. Sin embargo, precisa, le buscó un remedio a la situación: si alguien lo requería, le pedía llevar a su familiar a algún hospital y ahí lo consultaba.

En una ocasión, una persona contó una anécdota a este reportero: hace unos 25 años, uno de sus hijos ardía en fiebre a eso de la una de la madrugada; marcó al doctor Zambrano y, para su sorpresa, contestó el teléfono y le proporcionó su domicilio: unos minutos después su esposa y él abrían la puerta de su casa. El gesto resultó imborrable.

La plática con el doctor Zambrado se realiza en dos momentos, la primera frenada por la atención de niños enfermos llevados por sus padres. Dice que no pocas veces ha sido mordido o pateado por algún pequeño que se resiste a ser examinado.

Durante la mañana de este lunes se escucha el llanto de un niño tras la puerta del consultorio en la Clínica Infantil. Pero son tamaños gritotes de un pequeño que después sale en brazos de su papá, seguido por su esposa. Es el común en la vida del pediatra.

Seguramente esa pareja se despidió del doctor José de Jesús Zambrano de la misma manera como debe terminar esta nota y como lo han hecho miles de nayaritas: “muchas gracias doctor”.

(El doctor Zambrano en su consultorio. Foto: Oscar Verdín/relatosnayarit) 

 

 

 

 

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