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“¡Salte, Lupita, salte!”, último grito del hombre arrastrado por El Indio

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* Una sobrina de Daniel Candelario Medina López narra los últimos momentos de su vida, con base en la versión de su esposa.  

 

“¡Salte, Lupita, salte!”, fueron las últimas palabras que exclamó Daniel Candelario Medina López cuando la tarde del sábado seis se desbordó el arroyo El Indio, en Xalisco.

Eunice Fuentes Medina, sobrina directa de Daniel Candelario cuenta, con base en la narración que hizo María Guadalupe Guzmán, esposa de su tío, que segundos antes ambos trabajaban abriendo ostiones que venderían el domingo en la cancha de futbol de Xalisco.

Escucharon fuertes ruidos y él se asomó a la parte trasera, a una ventana colindante con el arroyo para ver qué arrastraba, pero no pudo reaccionar frente al lodo y troncos que le cayeron encima, llevándoselo sin remedio. 

Su esposa, en cambio, quedó atrapada entre el lodo y  minutos más tarde pudo salir por sus medios.

En la esquina de las calles Guerrero y Jalapa, a unos 400 metros de la calle Hidalgo –la principal, entrando a Xalisco- la casa de la pareja ya no existe. Lo que quedó fue echado abajo con maquinaria y por ahí entran y salen del arroyo las góndolas que siguen retirando material para mejorar el cauce.

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A unos 200 metros vive la señora Rosalina, mamá de Daniel Candelario. En su casa lo velaron y ahí cumplieron con el novenario que finalizó precisamente este miércoles. A las cinco de la tarde tendría lugar la respectiva misa en la parroquia de la colonia Huertas de Matatipac, en Xalisco.

Se deduce que la ahora viuda María Guadalupe Guzmán será una de las personas que recibirá una casa del gobierno estatal, tras perder la suya. 

De acuerdo con Eunice, durante toda la noche de aquel terrible sábado la familia se dedicó a buscar a su tío, con la esperanza de encontrarlo vivo. Hubo gente que les aseguró haberlo visto aguas abajo, prestando ayuda a otros. También fueron a hospitales.

Sin embargo, el domingo siete su cadáver fue encontrado cerca de Pantanal. Ella y su hermano Dorian Fabricio lo reconocieron en el Servicio Médico Forense (SEMEFO).

“Mi tío era un hombre trabajador, nada entumido; vendía ostiones y otros mariscos, o cocos, o trabajaba de cargador, le buscaba a todo”. 

Junto a Daniel Candelario, de 44 años, el agua y lodo arrastraron a varios de sus perros chihuahueños, salvándose sólo una, llamada Talía.

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Una foto del ahora occiso está colocada en la pared, donde también se encuentran las cintas con nombres  que acompañaron las flores y coronas llevadas en su honor. En el piso unas veladoras forman una cruz y en una mesa pueden verse imágenes religiosas e incluso una cerveza en bote, la preferida de Daniel Candelario.

Con vestido negro que anuncia el luto, la señora Rosalina reza y después agradece a quienes la acompañaron en el novenario. 

Cumpliendo con la tradición de fin de novenario, la señora regala jugo, tostadas de pollo y una imagen religiosa. En ésta se lee el siguiente mensaje: 

“Tuve que salir de prisa porque el Señor me mandó llamar. No lloren por mí y vivan unidos porque pronto nos volveremos a encontrar”.

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Y mientras eso sucede en la casa de Guerrero número 52, a unos 500 metros, por la calle Monterrey en otra de las zonas afectadas por el desbordamiento, el Gobierno del Estado realiza la entrega de artículos para el hogar a familias agraviadas. 

La familia Evangelista, de los hermanos Jairo y Ángel –dos de los muchachos que salvaron vidas y cuya historia se presentó aquí- recibió, el lunes, tres lavadoras y dos secadoras para reiniciar el negocio de lavandería. Y es que perdieron los aparatos que tenían.

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Al mismo tiempo, varias cuadrillas de hombres y mujeres continúan en la zona, ya sea barriendo calles, pintando casas y bardas, o lavando pisos, en trabajos temporales.

 

(Daniel Candelario en vida. Foto de la foto: Oscar Verdín/relatosnayarit)

 

 

 

 

 

 

 

 

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